Premios Darwin

Os premios Darwin distinguen aquelas persoas que fan un favor á humanidade retirando o seu ADN do mercado, porque morren ou perden a capacidade reprodutiva en situacións que revelan unha deficiencia mental importante, como aquel que usou un chisqueiro para ver se quedaba gasolina no depósito ou o que morreu asfixiado por unha bolsa que puxo na cabeza para protexerse de picaduras de abellas.

«For being named Lantern, he wasn’t very bright.»

(7 May 2002, Wisconsin) Lantern, 30, enjoyed playing a private game with his wife. He would pull down his pants, place the barrel of a shotgun against his scrotum, and tell her to pull the trigger. They had played this game frequently, to his immense pleasure. The gun was unloaded, of course.

On this pleasant Friday, he was excited to try again. The thrill was even larger because his wife’s girlfriend was pulling into the driveway at the time. «Shoot ‘em off before she gets here!» Lantern told his wife. She pulled the trigger. But this time, the gun was loaded.

Emergency crews arrived to find Lantern bleeding profusely from his groin, wearing shoes and socks, with his pants down around his ankles. The police were told it was an accident, and the couple didn’t know the gun was loaded. Lantern was admitted to the hospital in critical condition, where he survived to earning the indisputible right to the rarest of honors: the Living Darwin Award.

Javier Ortiz – Sueño con Jamaica

Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.

La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.

Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y esos es todo, y nadie le da más vueltas.

En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.

Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.

Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.

Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.

Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.

Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.

Jamaica o muerte. Venceremos.

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(Publicado en El Mundo el 29 de diciembre de 1993)

Mundaneum

Even in 1895, such a project marked an act of colossal intellectual hubris. The two men set out to collect data on every book ever published, along with a vast collection of magazine and journal articles, photographs, posters and all kinds of ephemera — like pamphlets — that libraries typically ignored. Using 3 by 5 index cards (then the state of the art in storage technology), they went on to create a vast paper database with more than 12 million individual entries.

 

Otlet and LaFontaine eventually persuaded the Belgian government to support their project, proposing to build a “city of knowledge” that would bolster the government’s bid to become host of the League of Nations. The government granted them space in a government building, where Otlet expanded the operation. He hired more staff, and established a fee-based research service that allowed anyone in the world to submit a query via mail or telegraph — a kind of analog search engine. Inquiries poured in from all over the world, more than 1,500 a year, on topics as diverse as boomerangs and Bulgarian finance.

Máis información:

The web time forgot (de onde están tiradas as citas anteriores)

Mundaneum

Quen rouba (a) un ladrón…

Quen non recibiu nunca un correo-lixo dun nixeriano que precisa axuda para retirar uns fondos dun banco ou da administración de lotaría do Reino Unido para notificar que o teu enderezo electrónico gañou 100 millóns de libras na Internet? En 419eater o que fan é seguirlles o xogo a eses estafadores para mantelos entretidos, que non rouben a outras persoas e, de ser posible, conseguir datos para unha denuncia eficaz.

A little about our ministry: We are fundamental Christians and Animalistic constortians. This means that we worship Almighty God as all Christians do, but we also hold certain animals in very high regards, as in the Indian faith, we regard the cow as the holiest of God’s holy creatures, hence out church is named The Church of The Holy Cow. Every member who joins our ministry has a cow branded with their name, this shows their faith in our ministry and also saves this wonderful creature from being slaughtered for food. The member’s cow becomes adopted into the church and is saved from stress and fear. All adopted cows are keep on our 200,000 acre ranch in Florida.